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[340x.jpg]LOS PREFECTOS OPOSITORES, COSSIO, COSTAS Y CUELLAR, CORRIDOS POR ECUATORIANOS FURIOSOS

Flavio Dalostto (perdón, estaba aburrido) http://la-opinion-argentina.blogspot.com/       06/12/2008


El miércoles, Mario Cossio, el prefecto de Tarija, se volvió hacia sus colegas de Santa Cruz y Sucre, Rubén Costas y Sabina Cuellar, respectivamente, y les dijo: -No hay moros en las costa, todo tranquilo. Pasamos desapercibidos.
Acababan de aterrizar en el aeropuerto de Quito, para dirigirse a la sureña ciudad de Cuenca, sede de una encuentro internacional de gobernadores. Mientras Costas y Cuellar miraban expectantes, detrás de una columna. Cossio suspiró aliviado y maletín en mano, encaró por el hall central, con paso firme, entre los viajeros.
Cuando había recorrido unos 30 metros, no se sabe bien de donde, empezaron a escucharse unos gritos furibundos -¡Agárrenlo! ¡Qué no se escape!
Mario Cossio sintió que el corazón se le paraba, y parecía querer salírsele del pecho. De no se sabe donde, emergieron unos tipos furiosos, que corrían hacia él gritando: -¡Atrápenlo! ¡Sáquenle la ropa! ¡Déjenlo en pelotos!
Algunos eran indios, otros no tan indios, pero todos parecían enojadísimos con Mario Cossio. Éste pensó: -¡Madre mía! ¿Qué hago?
Cossio intentó esquivar a algunos de sus atacantes, pero tropezó y cayó doblándose la muñeca. Se arrastró gritando, mientras Rubén Costas y Sabina Cuellar gritaban desesperados: ¡Policía! ¡Policía!

En tanto Cossio sintió que el cuerpo se le aflojaba, las piernas no le respondían y todo se nublaba.
Sentía los insultos cada vez más cerca: -¡Jueperra! ¡Ahora te vamos a enseñar autonomía! ¡Te vamos a dejar en pelotos!
Todavía a rastras por el piso, y sin alcanzar a incorporarse, sintió que unos dedos lo agarraban de la ropa, y creyó morir: -¡No! ¡No! ¡Soy el presidente de Tarija! ¡Yo no...! ¡A mí no...! ¡Por f...!
Una voz le dijo: -¡Tranquilo, señor, somos policías!
Casi entre sueños, Mario Cossio sintió que la sangre volvía a fluir por sus venas, y miró con ojos de amor a sus salvadores: Dos fornidos morochos uniformados que lo arrastraban, mientras amenazaban a los atacantes con sus macanas.

-¡Retrocedan! -Dijeron los morochos, -¡Atrás!
Llevaron al prefecto de Tarija, casi a rastras, hasta el puesto policial más cercano, mientras los policías pedían refuerzos.
-¡Casi me matan! -gritaba Cossio a los policías.
Don Mario les gritaba a los uniformados: ¡Tengo impunidad, digo inmunidad! ¡Soy un gobernador! ¡Soy...
A Cossio debieron dejarlo encerrado en la delegación policial, porque varias docenas de militantes ecuatorianos, se estaban volviendo a juntar, y amenazaban con sacarlo de la delegación.
Al ver esto, Costas y Cuellar, paralizados de terror, rogaron a las autoridades que les dejen esperar arriba de una aeronave, hasta que llegase el momento del transbordo a otro avión a la ciudad de Cuenca.
-¡Ni loca me bajo!, -dijo Sabina.
-¡Yo menos!, -confirmó Rubén.
Los policías condujeron con fuerte custodia a Mario Cossio, para que se reúna con sus colegas en un avión custodiado, hasta que después de una horas, salieron en otra aeronave a Cuenca.
Al prefecto de Tarija debieron medicarlo con un tranquilizante, porque no conseguían bajarle el ataque de nervios.
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